Conocer a Julio que pasea a sus 90 años por Aguilar del Río Alhama, cercano a un asentamiento de origen celtíbero donde hace más de mil años morían con 30. Aprender a catar vinos en el Marqués de Campo Nuble y en Ontañón, dos de las más de seiscientas bodegas que hay en esta región. Interpretrar los colores acerezados, diferenciar aromas afrutados, ver la lágrima que deja el tanino y sentir grandes reservas en el paladar. Hacer lo propio con el aceite de Lectus y probar el helado de aceituna de Andrés Sirvent. Ver cómo Pilar y su marido preparan en Arnedillo las mermeladas que venden por internet o poner el pie sobre algunas de las 33.000 huellas catalogadas que dejaron los dinosaurios en Enciso hace 65 millones de años son sólo algunas de las experiencias que viví esta semana.
Gracias a Minube y La Rioja Turismo, nos estuvieron enseñando acompañados siempre de la mejor conversación y gastronomía a Emilio Rey, Juan C. Castresana, Guillermo y un servidor estas y muchas otras virtudes por descubrir en la Rioja Baja, probablemente la más desconocida y olvidada injustamente por el viajero.









